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Murmuros incesantes, murmuros incoherentes, nieblan mi paso, obstruyen mi camino, siempre aparecen, mientras estoy rodeado de gente, mientras no tengo con quién hablar, existen mientras estoy en esa ironía, existen cuando no estás, cuando no estoy, existen cuando no veo mi camino, existen cuando está iluminado. Siempre incoherentes, siempre incesantes, siempre ahí, haciendome compañía.

Excavando cada vez
más profundo en la oscuridad
siguiendo las líneas
hacia el corazón de las ruinas.

Algo ya pereció,
Algo ya creció,
Nadie sabe que es,
Nadie sabe que hacer.

Dudas, gritos,
es lo único que existe,
agonía y pesadillas,
lo que el sueño invade.

No tiene forma
no tiene nombre,
abajo está
refugiado en su lugar.

¿Alguien logrará encontrar qué es?
¿Su razón, su pasión?
¿Alguién querrá seguir ahí?
¿Alguien?

Inmerso en una sustancia sumamente viscosa, hundiendome poco a poco en su negrura, inerte a su fuerza. Aceptando ese camino, dejándose llevar por mera inercia.

Embriagado, avanzando a través de la oscuridad, desesperadamente agitando la linterna, rogando que la pila no haya muerto. No es cualquier droga que se pueda encontrar en los callejones de la ciudad, es algo más fuerte, más peligroso, más encantador, es un arma mortífera.

Tan poderoso es que puede mover montañas, quitarle terreno a los mares, conquistar los cielos, hacer la paz y nulificar el dolor, como así destrozar mentes, raciocinios, paredes, y cualquier cosa en su camino. Confunde y mata, estabiliza y da tranquilidad. Tan ambiguo como eso mismo, tan dulce como la miel, tan sofocante como un día de verano en el desierto. Nada se le opone, si se le resiste, se fracasa.

La oscuridad domina el camino tortuoso, pero la droga obliga a seguir avanzando, esbozando una sonrisa estúpida en la cara temiendo lo peor, el miedo es grande y las opciones son muchas. Tan terco, tan desolado, sigue avanzando el trayecto bajo la misma tonada.

La promesa de calor empuja todo.

Alguien parado sobre un camino adoquinado multicolor observa, el pasar de las nubes que lo envuelven. Él siente una brisa fresca, la humedad que cubre sus ropas, ve como el agua impregna los árboles, las flores, incluso a un pequeño conejo curioso por el extraño en esa tierra.

Los colores del adoquín en esa mañana clara eran muy variados, desde los rojos oscuros, hasta los azules y violetas, como si alguien hubiera encontrado todos los colores del arcoiris y los hubiera colocado dentro de un pedazo de piedra para adornar un camino a la mitad de las montalas. El viajero no sabía exactamente el porqué del camino en el monte, ni el porqué del existir de un jardín muy arreglado, como si su gran belleza estuviera oculta para casi todo el mundo. Siguió caminando, observando los rosales, los tulipanes, la lavanda, y demás, plantas que usualmente no se encontrarían en ese lugar por obra natural, como muchas cosas.

Caminó y caminó, hasta llegar a una pequeña casa de madera, a través de una de sus ventanas, se podían ver ricos sillones que invitaban al cansado viajero a dormir, y en la chimenea existia un fuego acogedor. El viajero revisó los alrededores de la casa, buscando al dueño de esta, sin resultado alguno. Sin demorar, el hombre entró en la casa, dejo sus cosas y se tiró en uno de los sillones, casi de inmediato, una figura, cuya hermosura cegaba, bajó por las escaleras de un sótano, rodeada de finas ropas, se acercó al viajero y le dice: “¿Por qué haz venido a mi casa?”

- Deje mi hogar para buscar algo que había perdido, pero pasó tanto tiempo que olvidé lo que era. Sólo entre para descansar un momento y me iré de inmediato, si así lo deseas. – le respondío.
- Entonces, ¿por qué no buscas lo que hayas perdido aquí?.

El viajero, agotado, decide aceptar la oferta, los días pasaron, las estaciones se fueron y regresaron. Lo único nuevo en el jardín era un arbusto cuyas flores eran azulescas, y nada más se supo del viajero.

El día de hoy acompañe a mi madre a que resolviera un par de cosas en una ciudad cercana a mi hogar, pero para llegar, tenemos que tomar un autobus que se dirige hasta allá. Al momento de abordar, nos recibe un conductor muy amable.

Mi madre y yo tomamos asiento cerca de la entrada, y fuimos avanzando en el camino. Dejamos la estación de metro, y alcanzamos otras colonias, y todavía recogio gente antes de llegar a la caseta de la carreteda de cuota. El hombre, recibió a todos con un agradable saludo, incluso al ver que una mujer se quedó sin lugar, le permitió ocupar uno que estaba justo sobre las escaleras de entrada. Cuando hace la última parada para recoger personas, sube un señor que hacía mochilas a mano.

El conductor inicia la charla con el mochilero, con la simple pregunta de que se trata la vida, el hombre de las mochilas, comienza a hablar acerca de las escrituras de Dios, y comienza a hablar de manera un poco fanática acerca de volverse un siervo de Dios. El chofer le responde que nadie es siervo de nadie, porque Jesús bajo y nos trató como amigos, y así prolongaron la conversación por un buen rato, hasta que el mochilero no pudo tratar de sostener su visión rígida. Incluso es “regañado” por el conductor, ya que este quería escuchar algo sobre los apóstoles, pero el otro hombre le hablaba de otro profeta, la razón del regaño fue, tratando de citar al chofer “Cómo puedes tratar de enseñar un camino a otros, cuando ni tu mismo lo conoces bien”. Él habló acerca de que el sentido espiritual de la religión no reside en versículos y capítulos, si no en ser amables con el prójimo, sin tratar de imponerles alguna idea en particular. Incluso platiqué con este hombre, y el consejo que me dió fue que para no caer en el mal del estancamiento, hay que trabajar y mantener la mente ocupada.

Siendo honesto, uno llega a creer que la sabiduría se puede aprender en los libros, pero, hoy confirme que no es cierto. Los libros enriquecen el conocimiento, pero la sabiduría se gana con el paso del tiempo. Puedo decir que hoy conocí a un sabio del camino.

Heme aquí, sentado en frente de mi máquina de trabajo, a las cuatro de la mañana, pensando, batiendo con alguna tarea que no lograré acabar desde la comodidad de mi casa, viendo más allá de lo que mis ojos me permiten, pensando en los últimos días, en que he sentido perderme en el foso, sin guía, sin el consuelo de alguien. De repente, se muestra el consuelo sobre de mí, y quedé atónito, debido a que me he acostumbrado a retomar mi camino a ciegas (o con una lámpara de pilas, si es posible). Es curioso, cuando alguien sigue algo, otras posibilidades se abren, pero nosotros no nos damos cuenta de eso.

Eso si, cuando se asoman, nos toman por sorpresa.

Una sensación que quema,
un miedo primigenio,
la verdad se asoma,
el miedo domina.

Mucho por decir hay,
mucho por temer,
no sé si se quedara
o de mi mente desvanecer.

Noches intranquilas
donde los pensamientos
invaden cada orilla
volviendose un tormento.

Quiero gritar
Quiero saber
Lo que nadie conoce
Lo que todos ven.

La ciencia es un sistema simbólico que representa un conjunto de interrelaciones fundamentales de su objeto de estudio, que se apoya en distintos métodos del pensamiento para formar sus estructuras y reglas. Este sistema simbólico es subjetivo, y debido a eso, puede cambiar radicalmente la forma en que se emplea para percibir el mundo.

La técnica es el uso de la inteligencia  que nos  permite alterar la naturaleza para nuestro uso. Entre más desarrollada esté esta inteligencia, el hombre podrá buscar conscientemente las partes para formar el ente deseado, entendiéndolo gracias a que le vio “nacer”.

El interés de la ciencia es explicar algún fenómeno de manera racional, en base del entorno histórico/social, el cual da las bases del pensamiento, básicamente, la sociedad da pauta para la búsqueda del conocimiento, lo que no hace la ciencia es aislarse totalmente del entorno humano, aunque por ética, exija que el científico ponga a un lado sus emociones y creencias, con el fin de dar una explicación totalmente racional, sin atribuirle algo a entes divinos o mágicos. Para llevar a cabo este fin, la ciencia se apoya de las matemáticas, la lógica, de la experimentación y del pensamiento abstracto, ya que se necesita conocer el concepto de un fenómeno para poder estudiarlo e incluso cuantificarlo.

La técnica, por otro lado, se interesa en usar el conocimiento adquirido para modificar el entorno del hombre. Esta ha evolucionado en base al conocimiento del hombre, e incluso, al principio de la historia, algunas cosas eran atribuidas a entes fantásticos, pero se lograba reproducir el evento y usarlo para provecho nuestro (por ejemplo el fuego). A medida que la ciencia fue dando forma al conocimiento, el hombre pudo crear mejores objetos, ya que entendía los “ingredientes” del objeto. Se requiere de mucho ingenio para formar un objeto a través de ingredientes “comunes”, debido a que nosotros no los vemos como ingredientes, sino como algo sin potencial para nuestro propósito, de ahí, cuando el hombre se torna consciente de su propia capacidad para la técnica, surge el ingeniero, quien se dedica a buscar soluciones o inventos para problemas descubiertos.

A pesar de que la ciencia y la técnica vayan íntimamente ligadas en su evolución, hacer la ciencia no significa necesariamente hacer la técnica. Por ejemplo, actualmente podemos medir la cantidad de energía que recibimos del Sol, lo cual nos da un mejor entendimiento de por qué es vital para la vida, pero antes se requirió que alguien construyera una máquina que pudiera medir tal hecho.

La diferencia radica en que la ciencia busca explicar los fenómenos del entorno, mientras que la técnica se dedica a explotar estos fenómenos, una vez que se entiende el fenómeno, es más fácil crear un progreso científico y tecnológico.

Una fuerza nos guía, nos dobla, nos obliga a ir a una dirección, y poco podemos hacer para evitar ese fatídico destino. Haga lo que haga, uno seguirá estando a merced de fuerzas superiores a uno. Siendo menos que nada en el universo, a pesar de nuestro potencial, no hemos podido jugar con tales fuerzas todavía. Temo el día en que una persona pueda ser remplazada literalmente por una copia virtual de nuestra mente, estando a merced de los mandos que controlan la vida. Serán días fatídicos, que nuestros descendientes tendrán que resolver.

Imagen no relacionada.

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