Divagar
Caminando en la delgada línea que marca la realidad, o lo que es palpable, o lo que sea correcto, o lo que se pueda hacer, caminando en el límite donde uno puede perderse, aunque sea por cualquier cosa, perderse en la nada, vagar sin sentido, mirar y no ver algo, nada.
Un espacio vacío, sin nada, sin aire, sin gravedad, ni fuerza que impulse algo adentro, inerte, sólamente inerte…
Tranquilo, vacío, sin emociones, caminando sin rumbo a través de un cuarto blanco sin adornos, sólamente la iluminación de un sol decayente a las afueras de la habitación, afuera, nada claro, sólo un campo verde, floreciente, y una serpiente reptando libremente.
Una cuarteadura en la habitación deja pasar una leve brisa húmeda de un verano que no existe, dando memorias que no han pasado, pasando por la raya de lo irreal a lo real, sin que nada conecte, sin hacer sentido aparente.
La persona que pueda ver conexiones donde no hay, que pueda doblar la realidad hasta hacerla otra, la que escape del propio mundo para forjar otro y asimilar, quién pueda escribir fluidamente acerca de lo que pasa en su mente, sin detenerse, sin sentido, sin bases, la realidad es sólo una tela que puede ser cotrtada y rasgada, a nuestro antojo, las limitaciones son sólo una vil broma, no hay razón para para, no hay razón para no conquistar, dominar, o desear lo que se busca, lo que se necesita. Que importa si la necesidad se combina con un lujo, mientras eso pueda mantener a uno dentro del mismo plano de la realidad que la mayoíóa, ya que sin en, sería un loco sin poder ni remedio.
Rápido y frío, a la vez tenue y cálido, una mano destruye, la otra, alivia. La puerta esta hecha, sólo hay que atravezarla.

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