Senda

En aquella puerta, de madera mohosa, húmeda, decaida, se encuentra un sendero, que lleva a quien sabe donde, lugar que nadie se ha atrevido atravesar, un lugar que puede llevar a cualquier lugar, o a ninguno, después de todo.

Un camino hecho de goma, doblándose, cortándose, retorciéndose, de una manera grotesca e innatural, como todo lo que ha hecho, sin dar sentido a la gravedad, ó a algún espacio en especial, sólo dando vueltas por ahí, sin dar sentido de nada.

Un horno rodea al sendero, este, agonizante, deja de agitarse, en el lugar donde lenguas de fuego caen, ardiendo inclementemente sobre la senda aparentemente viva, derritiéndola, deformándola, sin compasión absoluta. Cada giro, cada nauseabundo encuentro, cada paso lento, carente de alguna dirección, de algún sentido.

Saliendo de la senda, existe una playa, cuya costa muestra algo más impresionante que el agua, mucho más transparente, tan claro, pero a su vez desesperante; observando una caída sin fondo, sin alcanzar a ver a que, si es que vive algo ahí, deambula. Burbujas de tinta salen a flote, marcando posibles tumbas seguras, pero eso no nos concierne descifrarlo.

A final de cuentas, ¿qué buscamos en este viaje?

~ por manoentintada en Septiembre 12, 2008.

Escribe un comentario