Aspersores
A veces pienso que diablos se supone que hacemos sobre este mundo, o como exactamente llegamos aquí, a nuestro lugar, es como un viaje inaudito, donde los vectores de nuestros ideales desequilibran el reposo de nuestra mente, llevándolo de manera acelerada por rincones insospechados. Como personas, como nos relacionamos, un niño siempre se queda maravillado por las cosas que nosotros creemos simples, y que de las cuales, no conservamos la habilidad de apreciar.
Hay veces que me detengo en el camino del metro CU hacia el anexo de mi facultad, para mirar el arco iris que se crea con los aspersores, en una mañana soleada, a veces, desearía poder detenerme, para recordar que soy, mirar hacia fuera de nuestra casa, e imaginar como se verían las nebulosas, no solo apreciar su belleza a través de un telescopio ubicado en la orbita de nuestro planeta. A veces me quedo maravillado de lo que nosotros sabemos, de la belleza austera del orden tratando de imponerse al caos en el que vivimos, aunque no haya sido provocado por nosotros.
Aunque la implacable crueldad del tiempo nos vuelve nada más que polvo, sentarse en un jardín bajo la sombra de un antiguo árbol, nos permite ver la maravilla que es este plano que siempre puede mejorar.
Conocen el mundo y a prenden a maravillarse por su naturaleza, y maravillarse, a la vez cuestionándose acerca de lo que hacemos, deja claro que aprender es un placer infinito.

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